Indonesia 2015, día 1: 24 horas en Kuala Lumpur

Hay muchísimas formas de llegar a Indonesia y todas son largas y aburridas. Lo mismo sucede con la vía de entrada al país de la miles de islas: la capital Yakarta, que la guía Lonely Planet define como «vibrante» y decenas de viajeros como «sucia y caótica», suele ser la habitual pero de todas formas necesitaba coger un avión de Yakarta a Yogyakarta, en el corazón de Java y lugar de acceso a los templos de Prambanan y Borud

Torres Petronas de noche

Torres Petronas de noche. Foto Rosa Llacer

ur, pues preferí ‘entrar’ por la civilizadísima capital de Malasia, Kuala Lumpur.

En apenas 24 horas nos ha dado tiempo de poco, salvo para confirmar un tópico -los malasios son los que menos sonríen de todo el Sudeste Asiático- y para llegar a una inquietante conclusión: Kuala Lumpur se parece más a Las Vegas que cualquier otra ciudad que conozco. Hay centros comerciales por todos los lados, hay gentes de todas las razas y colores y toda esa gente compra como si no hubiera mañana . Para que sigas comprando (en Las Vegas, jugando y comprando) sin pasar calor, los hoteles y los centros comerciales han llegado a la rentable idea de conectarse por impolutas y refrigeradas pasarelas comerciales.

Gracias a una de ellas, y tras una siesta de un par de horas para recuperarnos del palizón de aviones y aeropuertos (Sevilla-Madrid-Dubai-Kuala Lumpur-), llegamos al Suria KL, el espectacular centro comercial ha prosperado bajo la sombra de las icónicas Torres Petronas. Como en casi todo el continente asiático, es fácil encontrar el ‘food court’, donde la comida buena, rápida y barata abunda. Cómo echábamos de menos estos precios. Tanto, que pasamos de food court y nos metimos en un japonés costeado. Aún así, nada grave. Seis platos y bebidas por unos 100 ringgits, sobre 20 euros. Y todo riquísimo. Para completar la turistada, nos quedaba tomarnos una copa en la terraza del Hotel Traders. Todo bien: buena música, vistas a las Petronas y precio europeos.  Y a la cama.

Nos dormimos esperando a que el jet lag apareciera y no nos dejara dormir. Todo lo contrario. Por poco nos quedamos sin el desayuno.

 

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