Guía práctica para un recorrido de 10 días en Cabo Verde

El archipiélago de Cabo Verde, frente a las costas de Senegal y Mauritania, fue nuestro destino en agosto de 2013. Queríamos un lugar de playa relajado, que no estuviera demasiado lejos y que se saliera de los ‘circuitos’ habituales. Pronto nos encontramos con Cabo Verde, pero todo lo que veíamos eran paquetes turísticos a la isla de Sal, el ‘centro vacacional’ de este pequeño país africano. Viendo fotos de la playa de Santa María decidimos que iríamos a Sal, pero no sólo a Sal… Al final, fueron tres las islas -Sao Vicente, Santo Antao y Sal- que visitamos, concentrándonos en el archipiélago de Barlovento. Éste fue nuestro recorrido, nuestros alojamientos y medios de transporte en una breve guía práctica de un recorrido de 10 días en Cabo Verde.

¿Cómo llegar?

Lo sencillo, y a veces, lo más barato, es volar directamente el aeropuerto internacional de Sal desde Madrid o Lisboa con la TAP o con Aerolíneas Cavoverdianas. Los paquetes vacacionales que tienen a la isla de Sal como único destino es lo que ofrecen habitualmente. Sin embargo, y como queríamos conocer algo más que las magníficas playas de Sal, decidimos ir en coche hasta Lisboa, dejarlo en unos de los útiles parkings low cost que hay cerca del aeropuerto y desde la capital portuguesa entrar en Cabo Verde por Sao Vicente y salir por Sal de nuevo hacia Lisboa. Estos dos trayectos los hicimos con la TAP (sin problemas) mientras que el vuelo interno entre Sao Vicente y Sal fue con Aerolíneas Caboverdianas. Aquí tuvimos suerte porque sólo sufrimos un retraso de 8 horas; conocimos viajeros que se llevaron días atrapados en alguna isla esperando su vuelo… De todas maneras, ya lo aprenderéis: Cabo Verde, no stress.

Mujeres de Cabo Verde

Las mujeres de Cabo Verde. Foto Manuel Moreno y Rosa Llacer.

El recorrido

Día 1.Lisboa a Sao Vicente

La pequeña isla que vio nacer a Cesárea Évora, la caboverdiana más universal, es un trozo de tierra desértica llena de encanto. A ello ayuda la capital cultural de Cabo Verde, Mindelo, a la que llegamos justo el día que comenzaba el Festival Internacional de Bahia Das Gatas, un espectáculo en plena playa con miles de personas, barbacoas y, claro, música. No hay mucho que hacer en Mindelo, pero ese es parte de su inexplicable poder de seducción. Eso, y la música que se puede escuchar cada noche casi en cada bar. Si alquilais un coche, le daréis varias vueltas a la isla, pero encontraréis playas desiertas y marineros como Fernando, al que conocimos en un bar regentado por un surfista francés. Nos alojamos en el Hotel Don Paco, el mejor hotel de la isla. Nada que objetar al hotel, pero nos cayó regular Don Paco… No todos los españoles por el mundo son encantadores.

Bahía das Gatas

Barquitas en Bahía das Gatas, una de las playas más bonitas de Sao Vicente. Foto Rosa Llacer.

Día 2-día 3. Música y playas en Sao Vicente

Aunque no hay mucho que hacer en Sao Vicente, nos sirvió para ‘entrar’ en Cabo Verde y comenzar a conocer lo mejor de estas islas: su gente. Durante dos días y con un cochecito alquilado que se caía, literalmente, a cachos (el retrovisor se cayó, de hecho), perdimos el tiempo en playas, bares, restaurantes y callejeando por el mercado de los Peixes, el Centro Cultural, el ‘paseo’ marítimo… Al final, como siempre, nos faltó tiempo. Sao Vicente y, en particular, las decenas de tiendas y mercerías regentadas por chinos que encontraréis con cierta facilidad, son el mejor lugar para comprar recuerdos de vuestro viaje porque los precios crecerán exponencialmente conforme nos acerquemos a las zonas más turísticas del archipiélgo. Es imprescindible llevarse algo de música morna, nuestra banda sonora en el coche que alquilamos.

Nuestro coche en Sao Vicente

Alquilar un coche es una idea estupenda en la pequeña Sao Vicente. Foto Manuel Moreno y Rosa Llacer.

Vistas desde Praia Grande, en Sao Vicente

Vistas desde Praia Grande, en Sao Vicente. Foto Manuel Moreno y Rosa Llacer.

Día 4-día 5. Noches estrelladas y senderismo en Santo Antao

De Sao Vicente a Santo Antao llegamos en un ferri que parte todas las mañanas desde Porto Grande. Los billetes lo reservamos a través del hotel Don Paco, pero no creo que haya problemas en sacarlos allí mismo. El barco, de la naviera Armas, hacía antes trayectos entre varias islas canarias por lo que es enorme y está muy bien equipado. Puede llegar a moverse si hace mucho mar, pero el trayecto es precioso.

Mindelo desde el mar

Mindelo desde el mar en el ferri con dirección a Santo Antao. Foto Manuel Moreno y Rosa Llacer.

La llegada a Santo Antao, la única isla verde de Cabo Verde, es de las que no se olvidan. Os encantará Porto Novo, con sus barcos pesqueros, camiones repletos de frutas y decenas de aluguers -camionetas pickups- en las que se viaja junto a estudiantes que regresan del cole, señoras que vienen de la compra y policías sonrientes. Aquí también os encontraréis con una galería interesante de viajeros y senderistas: músicos de California, españoles de Vallecas, alemanes del antiguo Este, el solitario francés errante…

Porto Novo en Cabo Verde

Porto Novo te dará la bienvenida a la única isla verde de Cabo Verde. Foto Rosa Llacer y Manuel Moreno.

En Santo Antao nos alojamos en Casa Cavonquinho, la casa de Jose y Belén, y uno de los mejores consejos que podemos daros para este viaje. Pasad al menos un par de días en su hotelito rural colgado sobre el Valle de Paúl disfrutando de sus espectaculares cenas, desayunos y de un cielo lleno de estrellas. Hay un montón de cosas que hacer -lástima no tener tiempo para pescar-, pero nos parece imprescindible recorrer el valle con Jose y pasar una tarde sobre la arena negra de la playa de Sinagoga tomando cervezas frías y viendo a los chavales jugar al fútbol.

Senderismo en el Valle de Paúl

Imprescindible recorrer a pie los bancales del Valle de Paúl. Foto Manuel Moreno y Rosa Llacer.

Día 6. Regreso a Sao Vicente y llegada a la turística Sal

 

Cervezas de Cabo Verde

Cuando todo falle, siempre habrá una Strela o Superbok en Cabo Verde. Foto Manuel Moreno y Rosa Llacer.

Día casi de transición que aprovechamos algo más por el retraso del vuelo de Aerolíneas Caboverdianas. A Sal llegamos ya de noche y nos alojamos en el Hotel Dunas de Sal, algo alejado del pueblo de Santa María -unos 10 minutos andando- pero bastante tranquilo, con una buena piscina y precios razonables para cenar y tomar una copa.

Día 7-10. Sal

Sal es la isla más concurrida, la más turística, del archipiélago de Cabo Verde. Nada más pisar su destartalado aeropuerto internacional se nota que, de alguna manera, hemos llegado a otro país: mejores carreteras, construcciones occidentales, pizzerías a cada paso, precios dos veces más caros. Vale. Pero Sal es también una pasada, con playas increíbles, decenas de atracciones que van desde ver tortugas anidando en la playa a jugar con pequeños tiburones pasando por un buceo y una pesca fantástica, y, además, una animada vida nocturna. Así que reservar varios días para conocerla, si es posible con un coche alquilado que os evitará depender de las excursiones de los hoteles. Os esperan paisajes marcianos y sorpresas en casi cada esquina.

Pedro da Lume, en la isla de Sal

En la zona de Pedro da Lume están las famosas salinas y los paisajes más bonitos de Sal. Foto Manuel Moreno y Rosa Llacer

Muelle de Santa María, Sal

Vendedores de pescados en el muelle de Santa María, uno de los lugares más verdad de la isla de Sal. Foto Manuel Moreno y Rosa Llacer.

Día 11. Vuelta a casa vía Lisboa

El regreso con TAP fue sin problemas. Vuelo casi de madrugada y llegada a Lisboa para coger el coche de vuelta a casa.

Te interesa saber…

  • Para entrar en Cabo Verde es necesario un visado que cuesta 45 euros. Además, te piden un certificado del banco que acredite que eres ‘solvente’. Nosotros lo sacamos en la Embajada de Cabo Verde en Madrid enviando la documentación por correo pero luego vimos que la gente lo hacía nada más llegar al aeoropuerto sin demasiados problemas ni colas. Quizás sea mejor opción.
  • Cabo Verde no es un destino barato ya que, aunque se puede comer a precios más que razonables y dormir no es especialmente caro, su carácter insular incrementa mucho todos los precios, sobre todo el de la gasolina que está literalmente por las nubes.
  • Las Líneas Aéreas Caboverdianas, imprescindibles para ir de isla en isla, son bastante desastre en cuanto a su formalidad y horarios. Lo mejor es contar con retrasos en casi todos los desplazamientos.
  • Los caboverdianos son gente encantadora. Sin duda, lo mejor del país.

 

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2 Responses

  • Sin duda, es un viaje diferente. Aunque muchos piensan que es un destino para bucear y «holgazanear» en playas de arena blanca y agua turquesa, es eso mucho más. Imprescindible adentrarse en las islas y hablar con la gente.