Destino Cabo Norte: Y no anochece en la Laponia finlandesa

Voy con un poco de retraso en este diario de viajes pero en la cabaña de la Laponia finlandesa en la que hemos pasado las últimas dos noches no hay Internet. Eso sí, tenemos sauna, una espectacular vista a un lago –el Akasompolo-, bicicletas y dos barcas a nuestra disposición. Suena acogedor, pero el lugar es lejano y solitario. Supongo que en invierno, cuando funcione la cercana estación de ski, se llenará de finlandeses dispuestos a descender las laderas de las colinas cercanas, pero ahora y en dos días completos apenas nos hemos cruzado con diez o doce personas. Es absolutamente cierto. Y desolador.

Renos de Laponia

Renos de Laponia, preciosos, pero un verdadero peligro. Foto Manuel Moreno y Rosa Llacer.

Para entretenerme, hasta que lleguemos al Cabo Norte, destino final de este viaje, he decidido ir apuntando la ubicación exacta de los lugares en los que paramos. Una idea inútil, pero me hace cierta ilusión ver cómo vamos subiendo los ‘grados norte’. Hoy estamos en Longitud 67º 36’ 15’’ Latitud 24º 09’ 26’’. Eso significa que ayer cruzamos el Círculo Polar Ártico. Un modestísimo cartel en la carretera, escrito en cinco idiomas del que sólo ‘entiendo’ uno, marca la línea imaginaria. Si no fuera porque junto a él estaba aparcado un desastrado autobús de la ‘North Line’ hubiéramos pasado de largo. El lugar, cerca de la frontera entre Suecia y Finlandia, está sucio, con el suelo lleno de papeles y latas. Resulta realmente sorprendente la afición que tienen algunos de estropear cuanto es bonito y ese solitario cartel en mitad de una interminable carretera flanqueada por lagos y pinos no merece tal suerte. Aun así, y como es evidente, me hice un par de fotos con una sonrisa.

Desde el punto de vista práctico, superar el Círculo Polar Ártico en esta época del año significa que no anochece. Realmente, el sol brilla todo el día y toda la noche como si fuera –que lo es- una tarde de verano. Sólo pasadas las doce de la ¿noche? parece tocar tierra para remontar el vuelo de nuevo. La primera vez resulta alucinante. Pero dormir he dormido como siempre: nada más tocar la cama.

Tener 24 horas de luz tiene su ventaja y es que puedas hacer lo que quieras cuando quieras. Los finlandeses no parecen haberse enterado y el pueblo fantasma se convierte en pueblo desierto a partir de las seis de la tarde. Nos ha costado bastante comprar algo para comer y ha sido absolutamente imposible encontrar nada –café, hamburguesería, discoteca, lo que sea- abierto y con gente dentro. Ahora mismo son las 21.30 y llueve por lo que puede aprovechar para escribir. El plan era pillar uno de los botes y dar una vuelta por el lago, pero nos hemos tenido que meter a cubierto.

Realmente, no me importa. Esta mañana, después de varios desencuentros idiomáticos, hemos conseguido sacar licencias de pesca -12 euros- en un lago cercano, el Kesänkijärvi. No hemos pescado nada. Era lógico. Pero la ruta, entre un cerrado bosque de pinos, montañas con los últimos rastros de nieve y zonas pantanosas, no tiene precio. Eso sí, hay que andarse rápido porque, a poco que te parabas, una nube de mosquitos del tamaño de una mosca gorda se lanzaban sobre ti como un ejército organizado. Además, la amable señora que atiende el centro de naturaleza junto al lago me ha enseñado las dos únicas palabras de finlandés que creo que sabré en mi vida: järvi es lago y joki es río. No viene mal para orientarse.

Sauna en Finlandia

Imprescindible probar la sauna en Finlandia. Foto Manuel Moreno y Rosa Llacer.

Mañana seguiremos rumbo norte y dormiremos cerca de las islas Lofoten. Y antes queremos parar para visitar una ‘granja’ de huskies…. Por cierto, ya he visto mis primeros renos. La Laponia finlandesa mola. La sauna, también.

 

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