Destino Cabo Norte: Messi, un barco hundido y regaliz salado

Al aeropuerto de Arlanda se llega en un tren modernísimo, limpísimo y rapidísimo que te multiplica por mucho las ganas de pasar una temporada más larga de lo que puedes permitirte en las amplísimas habitaciones ‘made in Sweden’ de esta acogedora casa que es Estocolmo. Confieso que me ha conquistado. Es tranquila. Silenciosa. Fría. De entrada, parece casi un hospital…. Pero a poco que miras te encuentras con gente tan tenaz que es capaz de construir -mal- un barco enorme, ver como se hunde en su primer viaje, esperar más de 300 años para sacarlo del agua y edificar un museo donde presumir ante el mundo de tamaño fracaso. Hay que estar hecho de una pasta especial. Como antes me recomendaron Mercedes y Pepperoni, no os perdáis el museo Vasa si algún día vais a Estocolmo.

Un par de días en Estocolmo

Soldaditos azules en Estocolmo. Foto Rosa Llacer

Si lo hacéis, disfrutar no sólo de sus tejados verdes y sus soldaditos vestidos de azul y amarillo. Me ha encantado la serenidad de los barrios residenciales, donde hay agua y peces, donde la gente pasea sin prisas y a los que llega un metro no necesariamente subterráneo. Y si te apartas apenas unos kilómetros puedes ver hasta corzos y ciervos… Apunte viajero útil: la tarjeta de tranporte de 24 o 72 horas es una maravilla que te permite incluso montarte en los numerosos ferris que comunican las 14 islas en las que se asienta la ciudad. Otro consejo: no os dejéis seducir ni por los coloridos puestos callejeros ni por las elegantes tiendas del Gamla Stan. Tenga la pinta que tenga, el regaliz salado ESTÁ MALÍSIMO¡¡¡¡.

Me falta hablaros de Messi. Ayer estaba en todas las portadas. Hoy lo he visto colgado en un balcón en una bandera enorme. He supuesto que era un español el que vivía en el apartamento de grandes cristaleras. Pero quizás no. Cuando muchos nos volvemos locos pensando qué hacer para sacar lo mejor de nosotros mismos, basta con mirar a ese argentino algo feo, algo chico y no demasiado listo que sin embargo derrocha talento… Todos, hasta los suecos, le quieren.

Desde unos de los balcones del aeropuerto de Arlanda -también me gusta que a los suecos les gusten tanto los cristales- acabo de ver cómo suben al avión que nos llevará al norte nuestras maletas. Es un salto de unos 1.000 kilómetros que nos llevará a Lulea, ya en la Laponia sueca. Si tenemos suerte, mañana lo mismo he pescado mi primera trucha. Y sigo leyendo ‘En mares salvajes’. Me llaman para embarcar. Os sigo contando e intentaré colgar fotos.

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